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Este acontecimiento ha finalizado.

 
El Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM) está presentando la Exposición “Hiroshige y su época -Visiones de la naturaleza en el arte sino-japonés del siglo XIX-” hasta el 1 de julio. La exposición muestra el arte japonés del siglo XIX de Hiroshigue, que influyó al arte europeo de aquella época.

 
El MuVIM exhibe, por primera vez en Valencia, la serie completa de «Las cincuenta y tres estaciones del Tôkai-dô» (1833-1834), obra magna del gran paisajista Hiroshige Utagawa (seudónimo de Tokutarô Andô), el artista clásico japonés más reputado en Occidente junto a su coetáneo Hokusai Katsushika.
El Tôkai-dô era una antigua ruta que conectaba la ciudad de Edo (la actual Tokio) con Keishi (Kioto), la capital imperial. Discurría a lo largo de la costa este de Honshû, la isla principal del archipiélago nipón –de ahí el nombre de Tôkai-dô, que significa, literalmente, «el camino del Mar del Este»–, y estaba jalonada de puestos o estaciones en donde se proporcionaba alojamiento y comida a los viajeros y a sus cabalgaduras.

 
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El Tôkai-dô era una antigua ruta que conectaba la ciudad de Edo (la actual Tokio) con Keishi (Kioto), la capital imperial
 
Hiroshige la recorrió en 1832, y, fruto de ese periplo, nació esta serie de cincuenta y cinco xilografías –una por cada parada o posta del camino y dos más correspondientes al punto de partida (Edo) y al punto de llegada (Keishi)–, que constituye una obra maestra indiscutible del ukiyo-e («imágenes del mundo flotante»), y, en concreto, del género llamado fûkei-ga («grabados paisajísticos»), centrado, sobre todo, en las «vistas famosas» o meisho, una temática igualmente cultivada por el ya mencionado Hokusai, como demuestra su celebérrima serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (ca. 1831-1833), de la que también presentamos en esta exposición su conocida estampa La gran ola de Kanagawa.

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Estampas japonesas y pinturas chinas contribuyeron a fijar en el imaginario colectivo occidental la visión de un Oriente lejano y exótico de gentes extrañas y paisajes exuberantes
 
Además de convertirse, dentro y fuera de Japón, en la creación más popular de Hiroshige y en la mejor vendida del ukiyo-e, Las cincuenta y tres estaciones del Tôkai-dô se erige en documento gráfico histórico de capital importancia y en paradigma de la estética nipona, pues muestra todos los recursos definitorios del arte clásico japonés, desde la depuración estilística y la línea negra que delimita los contornos de los objetos hasta los colores planos sin sombras ni gradaciones tonales, pasando por la valoración del lleno y del vacío, los encuadres forzados, el desplazamiento del «centro» de la composición a un lado de la imagen, el punto de vista aéreo, la ausencia de distinción entre figura y fondo o la perspectiva basada en escalas jerárquicas de planos antes que en líneas de fuga, características, muchas de ellas, igualmente presentes en el arte chino, al que la pintura y el grabado nipones tanto deben. De ahí la inclusión en la muestra de un pequeño conjunto de obras chinas –el retrato de un mandarín y de su esposa, un libro con ilustraciones de flores y frutas y otro con ilustraciones de pájaros – ejecutadas en el siglo XIX bajo el reinado de los emperadores manchúes de la dinastía Qing, y contemporáneas de las xilografías japonesas que presentamos en la exposición. En ellas, mediante una paleta de luminosos y brillantes colores dispuestos con suma delicadeza y precisión milimétrica, se plasman, de una manera tan hermosa y sorprendente como graciosa e ingenua, la naturaleza y la imagen humana –que no deja de ser también naturaleza, en tanto que el hombre forma parte de ella– en el Imperio Celeste.

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Hiroshige Utagawa


Nacido en 1797, en la ciudad de Edo (actual Tokio), Andō Tokutarō era descendiente de una familia de samuráis de bajo rango vinculada a la brigada de bomberos del shōgun. En 1811, entró a trabajar en el taller del artista de ukiyo-e Utagawa Toyohiro (1773-1828), recibiendo de este maestro el nombre artístico de Utagawa Hiroshige. Sin embargo, fallecido Toyohiro en 1828, la obra de Hiroshige tomó un nuevo giro, gracias a su introducción en la temática del paisaje, que le llevó a alcanzar un inusitado éxito. De hecho, fue tanta la demanda de su obra que su taller llegó a contar hasta con dieciocho alumnos. Sus series Cincuenta y tres vistas del Tōkaidō (una en 1833- 1834 y otra en 1855), Sesenta y nueve estaciones del Kisokaidō (1834-1842), Vistas de lugares famosos de las más de sesenta provincias de Japón (1853-1856), Cien Vistas de Edo (1856-58), realizada en homenaje a su ciudad natal, y Treinta y seis vistas del Monte Fuji (1858-59) se consideran obras maestras del arte del grabado japonés. Sus obras son documentos visuales fundamentales para conocer la vida, sociedad, costumbres y cultura de su tiempo. Fue un maestro que representó los efectos atmosféricos y los fenómenos climáticos (la nieve, la tormenta, la lluvia, el viento y la bruma). Supo plasmar el alma de la naturaleza, desvelando, con exquisita sensibilidad, su lirismo, su misterio y su carácter efímero. En 1856, Hiroshige se retiró del mundo, convirtiéndose en un monje budista. Murió a los 62 años durante el brote epidémico de cólera que se extendió por Edo en 1858.

 

Exposición “Hiroshige y su época -Visiones de la naturaleza en el arte sinojaponés del siglo XIX-”

Fechas: Del 25 de abril al 1 de julio de 2018
Lugar: Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)
Dirección: Carrer de Quevedo, 10, 46001 València
 
Entrada general: 2€ / Tarifa reducida: 1€
* Fines de semana y festivos entrada gratuita

 
Fuente de información: MuVIM