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Shintaro Hirahara estuvo en Madrid hasta junio de este año con el programa de becas para artistas jóvenes de la Agencia de Asuntos Culturales de Japón y después de que regresó a Japón en verano, volvió a Madrid para participar en la obra de Provisional Danza “Tell me”, dirigida por Carmen Werner, que se representó en Madrid en el mes de septiembre. Hemos tenido la ocasión de preguntarle sobre su experiencia en Madrid y lo que piensa de la danza contemporánea en Japón y España. ¿Cuál es su visión sobre la danza?

 

 
- ¿Cómo empezó tu afición por el baile?

Más o menos cuando tenía 12 años vi en la televisión a TRF (una banda japonesa de música y danza de 5 personas que se creó en 1993). Para mí era “el mundo de los adultos” y el baile me parecía muy chulo. Aunque jugaba al béisbol en la escuela secundaria y no sabía nada sobre cómo bailar, bailaba espontáneamente imitándoles mientras veía la televisión. Este fue el principio. Como en Hokkaido, donde nací, no se puede hacer deporte fuera durante el invierno, mi madre empezó hacer gimnasia rítmica y yo fui con ella. Había también clases de ballet clásico y uno de los profesores me animó a empezar.

 
- ¿Luego pasaste al baile contemporáneo, verdad?

Sí, hay un seminario de ballet que se celebra cada verano en Sapporo, impartido por un gran profesor mundial: Jan Nuyts. Es un seminario que dura más o menos un mes y vienen jóvenes aficionados al ballet de todo Japón. Cuando yo asistí a este seminario había un programa de baile contemporáneo. Fue al primero que asistí.

Como siempre me ha gustado TRF empecé baile contemporáneo con ellos además de seguir practicando hip hop y dos estilos de ballet clásico.

 
- Actualmente trabajas varias facetas: bailarín, director y coreógrafo. ¿Cómo manejas esos roles cada día?

En cada sitio me adapto al rol que sea necesario. En Japón limito cada trabajo más o menos a cuatro horas. Por ejemplo, empiezo uno desde las 9 de la mañana hasta las 12 y pico, y luego me adapto al rol siguiente o duermo un poco en el tren… algo común en Japón, ¿no? (ríe). Luego voy al siguiente lugar, y al último por la tarde. Así es mi horario habitual.

 
ー Tendrás que pensar de manera distinta en cada trabajo.

Cuando se trata de crear algo tengo que alejarme de las cosas cotidianas. Si arrastras las rutinas de la vida cotidiana no llego a crear cosas buenas. Cuando participo como bailarín existe una relación entre la obra y yo, y es algo más fácil; pero si participo como coreógrafo tengo que pensar en los bailarines y eso es más complicado.

 
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ー Estuviste en Madrid hasta el mes de junio con el programa de becas para artistas jóvenes de la Agencia de Asuntos Culturales de Japón. ¿Te gustó la vida en España?

Fue tan increíble que no sé cómo decirlo en palabras. He estado en muchos países incluyendo países de Asia y Europa por trabajo, pero siento que España es diferente. Creo que aquí el sentido de distancia entre las personas es adecuado. En la actualidad, la gente está más alejada y cada uno intenta entender las opiniones de los demás a través de las redes sociales. Sin embargo, en España hay algo que no ha cambiado. Hay algo muy humano y al mismo tiempo racional. Me gusta este sentido de distancia entre las personas. Parece que los problemas encuentran una solución antes de llegar a convertirse realmente en problemas.

Hay más cercanía entre las personas comparado con otros países europeos. Es interesante sentir eso en Madrid, siendo esta la capital de un país. En ciudades grandes de otros países como por ejemplo Frankfurt o Estocolmo, a las que voy frecuentemente, las personas son algo más distantes aunque siguen siendo amables.

Los madrileños son muy abiertos cuando te acercas a ellos, mejor dicho lo son aunque no te acerques (ríe), así que para mí es fácil relacionarme. Por otro lado si alguien necesita cierta distancia, también lo respetan. Es algo que me gusta.

 
- ¿La vida en España te dio alguna inspiración para tu danza?

Carmen Werner es una coreógrafa que ha estado trabajando desde hace mucho tiempo en Madrid. Vive como una artista y lo hace de manera natural, como si eso no fuera algo especial. Esa fue la actitud que aprendí. Creo que lo que pasa en el día a día tiene posibilidad de cambiar y desarrollarse. Los objetos que utilizas todos los días suelen tener una forma sencilla como un cuchillo o las herramientas que utiliza un carpintero. Puede que la clave del desarrollo creativo sea comprender hasta qué punto está integrado en la vida.

Para Carmen, ser una artista ya es algo natural, así que para ella crear algo en el escenario es algo cotidiano. Por lo tanto las ideas se desarrollan de una manera muy fresca.

Es lo mismo que crear un plato de comida; no hay que intentar hacer nada raro, sino que hay algo nuevo esperándote más allá de tu vida diaria. Yo antes estaba equivocado y pensaba que debía encontrar algo totalmente nuevo que nadie conociera. Pero me di cuenta de que era un error y que las cosas de la vida diaria hay que verlas de otra forma.

 
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- Mientras ensayabas en España, ¿había algo que te pareciese diferente a la danza contemporánea japonesa?

Pienso mucho en eso últimamente. En España, la gente es muy expresiva y no tiene reparo en mover su cuerpo. Si en un parque se oye música, seguro que hay gente moviéndose al compás. En la cultura española eso no es algo extraño. Sin embargo es algo que no ha penetrado en Japón. Aún no se ve gente bailar el twist en la calle, ¿verdad? (ríe) Osea, el baile es algo más distante para los japoneses que para los españoles. Una obra creada por una persona que mueve el cuerpo porque está en su naturaleza y otra obra de una persona que basa los movimientos del cuerpo en unos pensamientos y una filosofía. No es que uno sea mejor que otro, pero esa diferencia me parece interesante.

 
- ¿Por otro lado, cuál sería para ti un ejemplo de expresión japonesa?

Creo que hay varias, los japoneses expresamos mucho por ejemplo el silencio o la nitidez. En el silencio absoluto, se oye una campana, y así es como se expresa el silencio. Dar forma a algo intangible. Con la edad, cada vez pienso más que Japón es un país en el que estas cosas siempre han estado presentes y sobre ellas se ha asentado su cultura. No añadir nada, y si se añade es sólo un punto o una línea. Ir limando y recortando una montaña, restando hasta dejar algo mínimo. En la cultura japonesa hay un elemento de sencillez, una voluntad de suprimir.

 
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- Actualmente cuando creas una obra, ¿mezclas expresiones españolas y japonesas?

Sí, una de las ideas que tengo es que para expresar algo silencioso, primero saturo con información, pongo un ruido muy alto… (En este punto de la entrevista oímos el estruendo de un avión fuera de la ventana.) Es exactamente cómo eso (ríe), y después viene el silencio. Creo que trabajo pensando de esta forma.

 
- Has bailado en exposiciones en el “Matadero Madrid” y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ¿cómo fue?

A mí me gusta mucho bailar rodeado por obras de arte, bailar en un espacio un poco especial. En un teatro cuando empezamos no hay nada, ponemos algo o aparece alguien y pensamos en cómo iluminar el escenario. En una exposición el espacio ya está configurado, tiene una energía peculiar, y por supuesto está la energía de las obras artísticas. Entra alguien y parece que ya se ha creado una historia. Me gusta estar allí, abandonarme en manos del espacio y convertirme en algo. Es como si me integrase en un paisaje, como si fuera parte de una pintura o foto…Me gusta que se cree un drama en un instante.

 
- Comparado con el teatro, ¿era distinta la distancia a los espectadores?

Sí. Un escenario te hace sentir que existe un encuadre. Cuando creo una obra, siento que estoy bailando en un marco. Al bailar en una exposición ese encuadre desaparece y los espectadores lo crean. Es algo interactivo, por ejemplo, tienes tu encuadre un metro delante, pero se acorta si un espectador se acerca, el espectador puede entrar en el encuadre. Un espectador tiene la idea del conjunto formado “las obras de arte, el bailarín y yo”, otro tiene la de “el bailarín y él” dejando las obras aparte, y otro tiene la de “las obras, el bailarín, y además yo”. Es especial que se desencaje la impresión de los espectadores. El teatro tiene también posibilidades infinitas, pero probablemente me excite más bailar junto a obras de arte.

 
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- Colaboras mucho con artistas de otros ámbitos, como con fotógrafos o músicos.

Sí, por ejemplo, colaboro mucho con una fotógrafa que se llama Saki Matsumura. Nos conocemos desde la adolescencia, y yo intenté acercarla a las artes escénicas. Lo primero que hicimos juntos fue lo siguiente: yo y otro bailarín bailábamos en el escenario y ella nos sacaba fotos; al mismo tiempo que las sacaba, las fotos se proyectaban. Intentamos limitar la visión de los espectadores de una manera sencilla.

Los espectadores nos ven bailar, y si hay 100 personas viéndonos, hay 100 puntos de visión.

Cuando se proyecta una imagen de la cámara, representa uno de esos 100 puntos y todos se resumen en uno. Seguidamente los espectadores vuelven a mirar a los bailarines en el escenario. Pensamos que eso era algo conceptual e interesante. Una cosa así no la podemos idear sólo los bailarines.

Hicimos otro proyecto; La fotógrafa sacaba fotos del escenario durante la sesión de baile. Al terminar, proyectamos las fotos inversamente al orden cronológico, incluyendo fotos que habían sido tomadas antes de que comenzara el baile. Digamos que la cámara había podido presenciar la preparación de la obra que los espectadores habían visto. Utilizando la fuerza de registro que tienen las fotos y su creatividad en la composición se llega a transmitir una historia.

También trabajo con otros artistas y músicos. Es algo natural trabajar con músicos ya que el baile tiene una relación íntima con la música. Pero no creo que el simple hecho de trabajar juntos quiera decir directamente colaborar. Siempre busco una colaboración que requiera una negociación o roce entre los colaboradores.

 
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- Es decir, ¿en la colaboración entre danza y música ambas son igual de importantes?

Sí, es así. Es algo relativamente fácil para nosotros “estar dentro de un paisaje”, pero eso nos quita un poco la sensación de estar “junto a ese paisaje”. Estamos en diferentes territorios y nos encontramos cara a cara. Se trata de cómo nos cogemos de la mano y cómo mezclamos el azul y el amarillo para llegar al verde. Para encontrar una manera de llegar a ese sitio, hace falta que las dos partes choquen.

Hace algún tiempo hice una colaboración con un contrabajo. Cuando el músico tocaba, yo no bailaba. Cuando el escenario se oscurecía y se abría el telón, yo bailaba sin música. Después se oscurecía de nuevo y empezaba la música del contrabajo. Cuando se iluminaba otra vez el escenario, yo volvía a bailar. Era una búsqueda de la unión de dos partes que no coincidían al mismo tiempo. A mí me gustó mucho. Fue una colaboración corta y me hubiera gustado hacerla durante más tiempo. Creo que el hecho de no aceptar la relación convencional entre danza y música es una manera de colaboración.

 
- Conseguiste el premio a la mejor coreografía en KIMDC (Korea International Modern Dance Competition) en 2011. ¿Cómo fue esa experiencia?

En primer lugar, quería componer una coreografía para una bailarina que valoro mucho; Mariko Kakizaki. Por mi parte, yo también quería comenzar mi carrera como coreógrafo. La propuesta de KIMDCY me llegó en el momento justo. Ella es una bailarina excelente con mucho talento y consiguió el premio de oro (el premio que sucede al gran premio) a la mejor bailarina, y yo además recibí el premio a la mejor coreografía.

 
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- ¿Cuál es la obra que más te ha impresionado hasta ahora?

Aquella en la que participé como bailarín en una ópera en el Saito Kinen Festival Matsumoto. Bailamos con música de la orquesta dirigida por el maestro Seiji Ozawa, y aún recuerdo la presión del sonido que escuchaba. Normalmente usamos música grabada para bailar y en el caso de bailar con música en vivo, como mucho participan tres músicos. En la ópera, además de que había una gran orquesta, el maestro Ozawa se fijaba mucho en los bailarines. Uno de mis movimientos era la indicación para el comienzo de la música en un determinado momento y me puse muy nervioso. Fue como si me amenazaran a punta de pistola y pusiese las manos en alto (ríe). Necesité mucho valor para comenzar a moverme. Fue increíble la energía que sentí cuando comenzó a sonar la música.

 
- La obra “Tell Me” es la que se puso en escena en octubre en Madrid y su coreografía es de Carmen Werner. ¿Cuál es el concepto de la obra?

El concepto es “la ventana” igual que en la película “La ventana indiscreta” de Hitchcock. La primera idea fue que mientras te concentras con lo que pasa fuera de la ventana, prestas poca atención a lo que está ocurriendo dentro de la habitación donde estás. Estás mirando fuera de la ventana, te olvidas de la persona que está aquí, u olvidas a alguien que ya no está, y alguien se da cuenta de eso… Es curioso que ocurran estas cosas. Por ejemplo, mientras los medios de comunicación de Japón hablan de show business, ocurren muchas cosas en el resto del mundo. Por prestar mucha atención a una cosa, no ves las demás, te implicas en algo sin darte cuenta, o algo que conseguiste fuera te afecta y cambia algo en tu interior. Había algunas ideas así sobre “fijar la vista en algo”. Pero, no se sabe cómo ven los espectadores la obra. (ríe)

 
- ¿Ahora desarrollas muchas actividades en las provincias de Japón, verdad?

Sí, especialmente después de regresar a Japón. Creo que la gente que vive en las provincias sabe mucho de lo que pasa en Tokio, o hasta en Europa, pero es cierto que no tienen muchas oportunidades de experimentar las cosas por sí mismos. A lo mejor piensan que lo que hay en Tokio es algo especial, pero podría ser más especial algo que ellos creasen en las provincias. Me gustaría producir algún cambio en una provincia para transmitir ideas o cosas que haya visto. Así habrá un acercamiento al área metropolitana y un cambio entre la la gente de Tokio también.

Una faceta del carácter japonés es el gusto por lo extranjero. Sin embargo, creo que lo provincial también es interesante si se quiere algo nuevo u original. Es cierto que las provincias aún tienen mucho por mejorar en cuanto a calidad e intento cambiarlo.

En concreto intento fomentar la creación. El entrenamiento físico se hace según las necesidades de cada uno, pero la capacidad de creación es algo que se pierde si no se entrena constantemente.
En los talleres que organizo, puedes presentar ideas que se te ocurran en tu vida diaria, combinadas con el movimiento del cuerpo.

De 2012 a 2013 organicé talleres periódicos en Sapporo. Los alumnos aprendieron gradualmente para llegar a crear una obra. Sin embargo, cuando volví a Japón después de un año de estancia en España, habían vuelto al punto de partida otra vez. Fue una pena, pero por otro lado este hecho confirmó que la capacidad de creación se pierde si no entrenas. Es necesario entrenarte para crear, de la misma forma que tienes que entrenarte físicamente. Mis alumnos del taller estaban desanimados, pero eso también era una clave para avanzar.

 
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- ¿Hay algo de lo que te hayas dado cuenta por haber vivido en España?

Claro que sí. Los españoles saben apreciar el arte. Independientemente del gusto de cada uno, comprenden que el arte es arte. Creo que los japoneses tienen una idea diferente hacia el arte que la de los españoles o los japoneses que están en España. Cuanto más conozco a la gente de aquí, más creo que esto es así. No es que sea bueno ni malo. Me gustaría proponer perspectivas diferentes hacia el arte sin negar la forma que tienen los japoneses de verlo.

 
- ¿Cómo ves la actualidad de la danza contemporánea en Japón? y ¿hacia dónde crees que se dirige?

En cuanto a la danza, creo que volveremos al protagonismo de la expresión corporal. Lo primero que se me ocurre como ejemplo de una expresión corporal de Japón es “Butoh” (un tipo de danza que nació en Japón en los años 60 buscando un movimiento original japonés sin que fuera una copia de la danza del mundo occidental). Desde entonces, absorbimos la danza contemporánea de países extranjeros, y ahora estamos en un periodo transitorio. Hay demasiada información sobre ideas o maneras de expresar y las manejamos de una forma hábil, pero todo ello nos ha dejado la pregunta básica de “¿qué es la danza?”. Por otro lado, al ver Butoh la expresión en sí ha cambiado mucho pero la propuesta japonesa de cómo bailar no ha cambiado. Es muy interesante que ese punto no haya cambiado. A partir de ahora irá desapareciendo tanta información y llegará un momento que cada uno encontrará una manera de bailar en Japón.

Hasta ahora cada grupo tenía un concepto diferente; Condors, la compañía en la que estuve antes, quiere hacer algo único y divertido, y Noism de Niigata hace performances basadas en técnicas de ballet, etc. Pero el siguiente paso será que cada artista se fije más en la manera de utilizar su cuerpo. Seguro que así es más interesante. Cuanto más se desarrolla la tecnología, se estima más a los profesionales que trabajan el cuerpo físico.

 
- Por último, ¿Qué planes tienes ahora para el futuro?

Después de regresar de España, he creado una compañía de danza que se llama OrganWorks. Trabajaba con músicos, artistas de vestuario y diseñadores de comunicación. Da mucho trabajo estar con los bailarines pero creo que es algo necesario. Estos bailarines llevan trabajando más de 20 años e intento estudiar y entender su trabajo, y al mismo tiempo me gustaría obtener una buena evaluación por parte del público sobre mi compañía de danza.

Siento que me han dado una tierra que es “España”. Ahora sé que en España hay muchos artistas excelentes además de Carmen. Con la conexión que he obtenido con España, en el futuro me gustaría presentar lo bueno de los japoneses y los españoles, y quisiera contribuir para activar los escenarios de danza de cada país. Igual suena un poco refinado, pero quiero que no dejemos “la amistad” entre nosotros. Me gustaría hacer más proyectos con gente de este país.

 

 
La obra de Provisional Danza “Tell me” que se representó en Madrid se estrenará el día 10 y 11 de enero de 2015 en Terminal Plaza Kotoni PATOS, Sapporo, Japón. En la actuación participarán tres intérpretes japoneses junto a los tres miembros originales: Carmen Werner, Alejandro Morata y Shintaro Hirahara.

Le deseamos mucho éxito a este joven bailarín japonés que será un enlace estupendo de la danza entre los dos países.

 

Entrevista realizada por Satoko Shimokawabe

 

 

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ENLACE: Shintaro Hirahara, un bailarín japonés contemporáneo, es parte de la compañía española de danza “Provisional Danza”

 

 
Web oficial de Provisional Danza:http://www.provisionaldanza.com
Facebook de Provisional Danza:https://www.facebook.com/ProvisionalDanza
Web oficial de Shintaro Hirahara “OrganWorks”:http://theorganworks.com
Facebook de OrganWorks:https://www.facebook.com/theorganworks